viernes, 10 de abril de 2009

El Apóstol de la muerte

Con curiosidad observaba al mayor asesino en serie del Perú, una especie de Jack el Destripador “cholo”; aunque aquí -para estar más acorde con nuestra cultura chicha- lo bautizamos como el apóstol de la muerte. Y es que él, quien a diferencia de Jack, no usó cuchillos para cortar cuellos y mutilar cuerpos sino que su instrumento de muerte era más bien una pistola con silenciador, asegura ser un enviado de Dios, un justiciero.
Pedro Nakada Ludeña tiene 33 años, fue soldado y parece un joven cualquiera. Pero no lo es. Ha confesado haber asesinado al menos veinte personas, a todas con arma de fuego, pues cree que morir baleado duele menos.
Entre sus víctimas figuran mendigos, rateros de poca monta, peluqueros y hasta un par de profesores. ¿Qué tenían todos en común para tener tan triste destino? Según Nakada eran la lacra de la sociedad. “Yo ‘limpio’ gente, gente que no debería estar acá, como ‘fumones’, prostitutas, homosexuales”, afirmó al ser detenido. El autodenominado “ángel vengador” asegura que Dios le envía órdenes para asesinar. “Yo escucho voces que me dicen que mi misión es limpiar esta sociedad”, alega.
Cuando llegó al penal pidió a las autoridades encargarse de la limpieza, le llevaron entonces una escoba y un recogedor, y él mortificado replicó que lo que quería era una pistola para acabar con tanto delincuente. Solo dos días le duró el acompañante de celda, pues el desafortunado reo no podía ni dormir por temor a que Nakada acabe con su vida. Y es que lo había amenazado y hasta se comenta que intentó ahorcarlo. Hoy, el asesino tiene una celda individual, recibe medicación, se juega sus pichanguitas (fulbito) y asiste al taller de soldadura. Todo un recluso modelo.
Hoy, según refiere se abogado, la pasa más tranquilo. Pero, la vida de Nakada no fue fácil. De padres divorciados, de adolescente tuvo que huir de casa ante las constantes borracheras de su padre que terminaban en golpizas. Llorando, contó a la Policía, que fue violado, que su hogar era un desastre y que su hermana (quien se suicidó) lo vestía de mujer cuando era un niño, incluso, le dejaba el cabello largo. El dolor y su gran rencor se puede notar cuando observas las imágenes del interrogatorio policial: un Nakada que no deja de chillar y mover su cabeza de un lado a otro como negando su pasado.

¿Está loco o no?
Su caso ha generado polémica debido a que una Sala Superior resolvió anular la sentencia de 35 años de prisión que se dictó en su contra por el asesinato de nueve personas. El tribunal argumentó que Nakada debe ser juzgado en un proceso especial por ser un enfermo mental. Y es que según pericia oficial padece de esquizofrenia paranoide. En ese sentido, el Poder Judicial apuesta porque, una vez terminado el nuevo proceso, sea recluido en un manicomio; aunque algunos no descartan que termine con un tratamiento ambulatorio y suelto en las calles cometiendo crímenes.
A la Fiscalía no le cayó nada bien la anulación de la sentencia, no cree que Nakada esté loco. El Ministerio Público afirma que el apóstol de la muerte finge y basa su posición en una primera pericia que descarta que se trate de un orate. “Si está loco porque se robaba los bienes de sus víctimas. Nosotros vamos a luchar porque se le condene como a una persona normal”, nos comentó una fuente de la fiscalía que ve el caso. En todo caso, será en el nuevo juicio que se avecina que se determine si está enfermo mentalmente o es un gran actor digno del próximo Oscar.
Con todos estos antecedentes y mi cuadro de comisión en manos me fui hasta el penal de Carquín (al norte de la capital), donde está recluido; estaba prevista la audiencia pública de oralización de la anulación de su condena. Y si bien esperaba ver a un tipo siniestro de tics y mirada perdida, me encontré más bien con un tipo común y corriente de polo, blue jeans y zapatillas y hasta con pinta de inocentón. Salvo por su incomodidad ante las cámaras que lo hacían esquivar el rostro por momentos, no encontré nada que advierta que podría tratarse de un asesino. Seguro, la misma percepción tuvieron sus víctimas.
Nakada no se arrepiente de nada así lo ha hecho saber públicamente durante el interrogatorio que le hizo el juez que lo condenó. Es más, en aquella oportunidad, afirmó suelto de huesos que si salía iba a seguir cumpliendo con su misión.
Loco o no está en manos de la justicia proteger a la sociedad del apóstol de la muerte respetando los derechos humanos que tiene como cualquiera de nosotros.

domingo, 22 de febrero de 2009

La nostálgica Yungay

No hay nada más atroz que la ira de la naturaleza, la desolación que deja a su paso nos restriega en la cara que ante su furia poco o nada el hombre puede hacer. Estas reflexiones me invadieron al visitar el Campo Santo de Yungay en Ancash, zona del ande peruano.
En ese lugar yace sepultado todo un pueblo. La tarde del 31 de mayo de 1970 un sismo de 45 segundos y de más de 7 grados provocó el desprendimiento de un bloque de nieve y hielo del pico oriental del nevado Huascarán produciéndose un alud que terminó con la vida de más de 20 mil personas. Solo quienes corrieron hacia el cementerio de la ciudad (antiguo vestigio Inca), los asistentes al estadio local y los niños que fueron a disfrutar del espectáculo del circo Verolina sobrevivieron a la peor catástrofe que ha azotado al Perú.
Hoy, ese lugar que carga sobre sus espaldas el drama de tantas familias, es un Santuario visitado por turistas que sienten esa mezcla de paz con profunda tristeza al ir observando el registro de lo ocurrido hace más de 30 años.
El hermoso cielo que ilumina este inmenso campo de altas palmeras y cautivantes flores y que es observado en lo alto por un Cristo gigante, ubicado en el refaccionado cementerio de la ciudad, convierte a este panorama en un paisaje difícil de olvidar por su sobrecogedora belleza.
Yungay albergará por siempre en su corazón esa pena, pero el pueblo lucha y se ha recuperado y ofrece al turista lugares hermosos para visitar como las Lagunas de Llanganuco y no solo eso sino que los invita a compartir sus costumbres y deleitarse con su cocina.
Si quieres saber más de Yungay visita: http://www.yungayperu.com.pe/




Observa el tamaño de la roca que cayó sobre Yungay.







Así quedó el ómnibus tras el alud.

sábado, 14 de febrero de 2009

Con ustedes su majestad: el Cajón peruano

Siempre quise aprender a tocar un instrumento. Lo intenté con la guitarra sin mayor éxito, pues la impaciencia me ganó la partida. Ya cuando había tirado la toalla, el cajón se me cruzó en el camino.
Una tarde una amiga vino entusiasmada a comentarme lo que vio en un anuncio de un periódico. ¿Por qué no aprendemos a tocar cajón? me dijo, y a partir de esa singular sugerencia se la pasó hablándome de las bondades de un instrumento musical del que en verdad yo no sabía casi nada. “Nos relajará, sirve como terapia contra el estrés, no debe ser tan difícil aprender a tocarlo”, me comentaba mientras intentaba convencerse de que era una buena elección tomar el curso.
No sé si, finalmente, fueron sus argumentos o el querer ocupar mi tiempo los sábados por la tarde que sin darme cuenta ya estaba inscribiéndome en un taller dirigido por una de las mejores percusionistas peruanas: María del Carmen Dongo.
Recuerdo como ayer mi primera clase: María del Carmen dijo que todos podíamos tocar el cajón, que los golpes del cajón eran como los latidos del corazón, que el ritmo lo llevábamos desde vientre materno. Y cuanta razón tenía.
Negros, cholos, chinos y blancos de toda edad y condición social aprendimos a tocar el cajón y lo hacemos con el mayor gusto. Nos imbuimos de su ritmo contagiante, cada golpe nos hace perder la noción del tiempo y olvidar el ligero dolor en nuestros dedos. No hay quien se resista a mover alguna parte de su cuerpo mientras escucha una buena cajoneada. Y es que el ritmo cadencioso atrapa al auditorio.
El cajón, declarado en el Perú patrimonio cultural de la Nación, es un instrumento de la costa peruana. Es por excelencia la base de un buen festejo (ritmo negro peruano). Junto a una guitarra, acompaña también a nuestro peruanísimo vals.

Cuentan los historiadores que este instrumento servía de acompañamiento para las canciones que los esclavos negros entonaban. No tenía la forma ni la estructura que hoy apreciamos, era probable que fueran cajas de frutas o en desuso que estos esclavos eran obligados a cargar y que luego de largas jornadas de trabajo, ya en sus horas de descanso, les servía para arrancarles sonidos y acompañar sus cánticos.


Si no has escuchado los golpes de un cajón peruano anímate a hacerlo: http://www.myspace.com/manomaderaperu


Si ya lo escuchaste y te gustó, anímate a tocarlo solo necesitas las ganas de aprender y verás como te dejas llevar por el ritmo contagiante de "su majestad el Cajón" como diría nuestro Decimista Nicomedes Santa Cruz.



En el II Festival Internacional de Cajón peruano